¿Exuberancia racional?

El optimismo de los inversores sigue alimentándose de la percepción de un crecimiento económico global.
  • 07 Agosto 2017

Este equilibrio mágico entre unas economías anémicas y unas políticas monetarias laxas (véase la nota de Carmignac de junio, ¿Qué más se puede pedir?) les permite, desde hace dieciocho meses, capear con serenidad todos los desafíos, especialmente en el plano político, al tiempo que los tranquiliza en lo referente a las valoraciones de los mercados tanto de renta variable como de renta fija. Y, aunque estos inversores «sienten» a veces que esta coyuntura ya está durando demasiado, están más que decididos a aprovechar su última fase.

Este optimismo generalizado, que reafirma una volatilidad de mercado en mínimos históricos, refleja la enorme confianza de los mercados en esta escarpada senda. Resulta lógico, en vista de la atenuación del riesgo político inmediato, tanto en Estados Unidos como en Europa, el buen tono de la economía mundial y la prudencia anunciada de los bancos centrales. No obstante, es necesario prestar más atención a las nuevas zonas de debilidad que la rodean.

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